
No faltará describirle lo que aconteció el pasado domingo 10 de mayo por la mañana y, en consecuencia, lo que ha sucedido durante estos dos últimos días.
Guatemala se ha visto inmersa en casi todo tipo de calamidades, de crisis y de complots, si así lo desea ver, pero nunca ha sido involucrada en uno que haya pasado arrasador por sus tierras y luego, que haya sido objeto de la corrección de su población y de las mismas tierras. Todo indicaba que seguiría así, que las oportunidades para demostrar la censura que mantenía el Estado pasarían desapercibidas ante los ojos de los guatemaltecos, y así se esperaba que fuera hasta ahora, momento en el que la corrupción plantea un serio desafío de cambio para cada uno de los guatemaltecos que pretenden la justicia y que estarían realmente dispuestos a intervenir para que esta sí se aplicara, no sólo en el ámbito gubernamental, si no en el ámbito social, entre nosotros mismos.
“No es tarde pueblo guatemalteco”, pero si no actuamos a favor de la transparencia, este prometedor país, lleno de emprendimiento e ilusión, podría sucumbir ante los principios socialistas y marxistas (entre otras cosas) que ya se venían desde hace un buen tiempo ejecutando. Si la corrupción que ha presenciado Guatemala en el corazón de su Gobierno no induce al guatemalteco a obrar en dirección opuesta, bajo la luz de las virtudes platónicas y la concepción del estado aristotélico, déjeme decirle: el guatemalteco no funciona, y por lo tanto, podrá tomársele en cuenta como lo hace la mayoría con nuestro señor presidente, a quien nadie le debe las gracias por absolutamente nada y que constituye, con un montón más de altos funcionarios presentes en las distintas ramas de nuestro Estado, la distorsionada representación de las normas y de su ejecución.
Señores, Guatemala no es un país maduro, y ya que somos nosotros los agentes que conforman al país, ¿Sería igualmente acertado decir que nosotros somos quienes carecen de madurez, y por esto, nuestro nivel de tolerancia o de combate se ha desprestigiado y se ha corrompido? Es cierto que el sector privado tiene una gran influencia estatal y que el nivel de corrupción presente tiene mucho que ver con la manera en la que se comporta tal sector en conjunto con el sistema político, pero ¿Qué hay de los que conforman el sector público?, ¿Acaso, se ven atracados por lo que sucede en el sector privado y debido a eso no desean involucrar constantemente y con mayor ímpetu con la que aparentan hacerlo? De igual manera, todos parecemos tener la capacidad de ser políticos. Todos parecemos dictar y aplicar las leyes a nuestro gusto y sabor, sin siquiera prever las consecuencias.
No, el guatemalteco morirá, por tener presente en su mente la transparencia con la que develó sus actos y con la que ejerció en cual ámbito fuese, pues no hay mejor sensación que aquella de saber que la corrupción no intervino por obra suya contra el bien que este mundo intentará de proveer siempre.




Comentan…